Una historia de protesta, una situación de rebelde impotencia individual frente a las normas impuestas para el beneficio de quien no se halla envuelto en el torbellino creado.
Robin Williams borda un papel de tragicomedia, haciendote reir y llorar mientras te consternas por el cruel cruce de situaciones del que nadie es verdaderamente culpable.
Una memorable película que deja un sabor agridulce, pero agradable al recuerdo: siempe lo hago con cariño.
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