martes, 5 de julio de 2011

Yo, también

"¿Para qué tanto esfuerzo si no puedo ser feliz?". Esta es, en parte, para mi la frase que resume esta gran película. Así se siente Daniel (Pablo Pineda) cuando después de tanto esfuerzo e ilusión no consigue ser normal.
Esta película trata esa delgada línea que tanto aparece en otras temáticas, la normalidad, en este caso con un tema tan delicado como son las minusvalías psíquicas. ¿Cometió la madre de Daniel un error al inentar no ver lo obvio? ¿Alguna chica se enamoraría alguna vez de alguien con la cara del aspecto que todos sabemos presenta el síndrome de Down? Por muy inteligente que pueda ser, por muy simpático, por mucho amor que pueda dar, para la inmensa mayoría sería un "niño" con cara de mono.
Laura (Lola Dueñas) es un alma en constante paseo por el borde del precipicio, a quien ya le importa un carajo la altura del acantilado; alguien a quien ya le han dejado de importar tantas cosas, que se encuentra en ese, desgraciadamente, inusual estado en el que puedes ver a través de las cosas.
La película tiene ese matiz documental que a mi tanto me gusta, con sus silencios, sus primeros planos y naturalidad en las conversaciones. Todo ello con ese sabor agridulce de las historias sin final de cine pero con ratos de todo, risa, llanto y rabia.



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